Por María José Pulgar

El fútbol y el amor tienen mucho en común… sin duda, pero no detallaré cada uno de los parecidos a riesgo de parecer funeral de estado -#conrespetoesosí-, sino que solo me detendré en que a ambos los mueve más la pasión que la razón.

Ahora, es verdad, muy probablemente una de las grandes diferencias tiene que ver con la fidelidad. Por ejemplo, con un equipo de fútbol el juramento de amor eterno es posible, de hecho, debiera ser una ley; sin embargo en las relaciones, a veces, por más que lo intentes, no lo consigues.

Y yo no sé si al estilo de Wenger y el Arsenal continuaré por décadas alineando la vida -y él la mía-, del sanluisino con el que comparto la vida y el amor por el fútbol desde hace nueve años, pero sí sé que mientras dure, cada vez que morimos momentáneamente por las penas del fútbol, yo también muero de amor por la locura de hinchas acérrimos que compartimos.

No, no sé si este amor llegará a ser imperecedero como el que le tengo a Cobresal, pero sé que mientras dure, la promesa será que en la salud, en el fútbol y en la enfermedad.

Mientras bailemos los tres este vals, seguiremos preguntándonos por qué sufrimos tanto por esos once detrás del balón, por qué soportamos que los fines de semana se nos arruinen con cada derrota de nuestros equipos, por qué soñamos con el error específico y fatal de determinado jugador, o por qué esbozamos intentar que no nos importará más si ganan o pierden, cuando sabemos que apenas se acaba el fin de semana queremos que llegue el próximo para verlos jugar.

Y mientras eso pasa, no puedo evitar sentir que tal vez amamos más al fútbol que a nosotros mismos, pero qué importa si es ese amante compartido quien nos ayuda a seguir a la par: disfrutando partidos triviales, siendo dos veces al año rivales, llorando juntos por el milagro de un Cobresal campeón, llorando por un 4 a 3 demoledor para San Luis en Rancagua.

Sí, tal vez sea uno de los trinomios más absurdos, pero yo feliz sigo muriendo de amor y de fútbol, al mismo tiempo y en tu mismo instante.