Por María José Pulgar, columnista de Cobresal en Titular

Como cobresalinos estamos acostumbrados -no resignados-, a que cada vez que se le gana a un equipo grande, son ellos los que pierden y no nosotros los que ganamos.

Que “ganamos con muy poco” y que “la derrota de la U no fue justa”, fueron algunas de las frases del pobre medio local que demuestran el eclipse al que siempre se nos somete y que ensombrece un triunfo totalmente merecido y hasta heroico.

Para algunos sonará exagerado tacharlo como tal, pero el contexto es revelador. Sí, porque el presupuesto para fichajes del club fue austerísimo para este Apertura y ante tal escenario la apuesta, casi obligada, fue por la cantera Albinaranja.

Juveniles cobresalinos de formación tumbaron a un equipo lleno de fichajes rimbombantes y millonarios. Ambos definiendo con clase y sin nervios, y siendo la cara opuesta de los intentos ofensivos infértiles de los Azules.

Tampoco se acordaron que Cobresal se vio obligado a cambiar la localía. Para ellos el tema fue la U, la derrota y el no merecimiento de esta, argumentando que en todo momento tuvieron el dominio del balón.

Lo hicieron como lo que son, simios especialistas pero amaestrados bajo un solo discurso y que tiene que ver con aquella extraña y absurda teoría de que en el fútbol solo merece ganar el que más ataca o el que tuvo mayor posesión de balón.

Y como siempre se subestima a quienes se paran defensivamente en el campo, como si esto fuese de partida, un punto por el que merecieran perder.

Pobre. Pobre y falso pensamiento. Cobresal no ganó con poco, ganó con mucho. Ganó con mucho orden y concentración defensiva. Y sí, es cierto que la suerte también jugó más de nuestro lado -gracias a los de arriba-, pero la forma en que se replegaron fue aplaudible.

Hay partidos en este Apertura que ni siquiera hemos merecido empatar, es cierto. Tampoco habíamos andando bien en cuanto al planteamiento y los rendimientos individuales, pero justo la U se topó con un cuadro minero en alza anímica y futbolística.

Y los del Bulla no merecían ganar solo porque intentaron atacar, porque en ese desequilibrio su defensa fue un desastre y nuestros delanteros brillantes. Superdotados en el momento justo. Y en general, y citando al fastidiable Arjona que justo se oye de fondo en la radio (espero no tiemble)- Cobresal fue una amalgama perfecta entre experiencia y juventud.

Cobresal no ganó con poco. No. Porque cómo poder llamar “poco” las reacciones de Cuerdo que fueron vitales -un arquero que solo por capricho cósmico no estuvo en nuestro momento más glorioso pero que merece un sitial de leyenda en el club-.

Hasta Escalona, bajísimo desde hace meses, estuvo soberbio -¿tal vez porque se lleva mejor con Martorell?-. El Paco Sánchez fue un muro por su banda y Otárola se desdobló, tal como el Sepu, en ir y volver.

Y la hinchada, esa que tuvo que sortear mala organización e informaciones erráticas de principio a fin -desde que se supo que este partido se trasladaba a La Portada- , hizo notar sus “cobre, cobre…”, alentando al equipo, que es lo que hay que hacer, sobre todo, cuando la dirigencia hace las cosas mal.

En definitiva, el planteamiento defensivo de Cobresal no nos hizo tener el dominio del balón, pero nos permitió tener el control del partido al hacer lo planeado mejor que el rival. Y por eso, fueron los justos vencedores.

Basta de pensar que solo es justo que el que ataque triunfe, porque los que defienden mal, por más que sean ofensivos, también merecen perder. Cobresal ganó con justicia, comandados por canteranos que además de amar el fútbol, aman la camiseta, y escudados por aquellos que nos llevaron a nuestro primer título.

Y es así, una vez más fuimos eclipsados… pero la sonrisa es nuestra -y también el mejor pan batido del orbe que este lunes estuvo más rico aún-.

Pd: Y los hinchas no nos eclipsemos tampoco con este triunfo que es de absoluto mérito de los jugadores que esta vez, a diferencia de lo que pasó en Copa Chile, sí pudieron darle la vuelta a los imponderables dirigenciales.