Por Pablo Saavedra, columnista de Huachipato en Titular

Domingo, pedazo de día. Iba camino al estadio y ocurrió un imprevisto así que tuve que ir al hospital. Faltaban 30 minutos y me quedaban varios kilómetros para llegar al Huachipato CAP-Acero. La forma más rápida era tomar la costanera así que esa ruta elegí. En el camino paré para llevar a un acerero, quien con camiseta en el pecho esperaba un bus cerca de la rotonda Huachipato. Cuando ya iba a unas cuatro cuadras del estadio, en la avenida Desiderio García, Carabineros de Chile me realizó un control. Quedaban cinco minutos para que comenzara el partido y me paraban. Todo mal. Después de revisar mis documentos me dejaron seguir y la única esperanza que tenía de volver a sonreír era ver cómo mi equipo -en el papel superior en todo a San Luis- me alegraba el día. Pero no, fue todo lo contrario.

Todo comenzó un poco antes de que tomará asiento y con ello comenzó también un festival de mediocridad, o bueno, no digamos mediocridad, suena mejor “dos cuadros colistas que demuestran sus falencias sin vergüenza”.

Nuestra defensa nuevamente hizo agua por las bandas (sobre todo por la izquierda) en donde Sepúlveda no colaboró en nada hasta que el público le gritó a Ponce que le ordenara a Claudio tapar la banda, y el Chueco, después de unos minutos, le señalo a su regalón lo que era tan evidente.

Huerta, como siempre, estuvo desordenado (pelota detenida que había era ver como soltaba la marca) y Merlo, que de central derecho no es ni un tercio de lo que es jugando por la izquierda, ayudó poco a la última línea.

¿Algo positivo? Podría ser Robles quien de 6 rindió, pero como nadie lo acompaño en el medio y el espacio que debía cubrir era demasiado (ya que Pontoni y Sepúlveda andaban tapando las orillas -cosa que hicieron mal debido a que no acostumbran hacerlo-) no fue tan eficiente en su función. Entonces teníamos un medio inexistente y unas bandas que eran un pasadizo, o sea, el rival perfecto para un equipo rápido y que acostumbra a aprovechar la velocidad de sus jugadores como San Luis.

Llegaron un par de goles, un par de cambios (no había soluciones en el banco) y todo hacia presagiar que pasaríamos otra vergüenza en nuestro estadio. Pero, al final, algo bueno pasó. Y en la agonía logramos dar vuelta un resultado sin merecerlo -en cierto punto y siendo estrictos, los dos equipos no merecían ni un punto- pero bueno, por suerte, empuje o como le dice el Chueco a esto “la convicción de jugar” fuimos nosotros los que nos quedamos con los puntos. Así que, como dice mi viejo, siempre habrá alguien mejor y alguien peor, y bueno, los canarios son peores que nosotros, que ya somos malos.

P.D.: En San Luis criticable, mmm… podría ser el planteamiento extremadamente defensivo que tuvieron los últimos minutos, lo demás no se lo puedo cuestionar porque son limitaciones propias de un plantel de esas condiciones.