El fútbol escocés fue testigo el fin de semana de una de las simulaciones más burdas de los últimos tiempos. Pero lo más extraño del caso fue que el árbitro cayó redondito en el engaño y cobró un insólito penal.

Contextualicemos: El Celtic le ganaba 2-1 como visita al Ross County, por la 33ª fecha de la Premiership. Sobre el final, el holandés Alex Schalk, jugador del cuadro local, recibió la pelota y anticipando el cruce de un rival, aplicó un piscinazo digno de Michael Phelps.

El árbitro Don Robertson pitó el penal, pero lo cierto es que nunca hubo contacto entre los jugadores. Ni tonto ni perezoso, Liam Boyce se encargó de transformar el cobro en gol y decretó el empate final, aunque al Celtic no le duele mucho ya que se coronó campeón de la liga con varias fechas de anticipación.