Por Pablo Saavedra, columnista de Huachipato en Titular

No me digan que ponerse a rezar los últimos minutos es un acto de fe, porque para mí eso es simple desesperación y no creer que los que te representan en la cancha pueden salvarse por sus méritos.

Si Cobresal no descendió el sábado fue porque Huachipato lo dejó respirar un poco, porque simplemente, fuimos por obligación a jugar a El Salvador. Así que fuimos nosotros los misericordiosos y no Dios, que como dijo Luis Aragonés: “No se mete en estas cosas.”

La semana pasada quedamos libres del descenso al empatar con la UdeC y a la vez, sin chances de disputar el título. Lamentablemente nos quedaban cuatro fechas por jugar y sin motivación de lograr nada más que divertirse unos fines de semana, nos fuimos al norte.

El 21 de marzo escribí que existía un problema en Huachipato y en todos los clubes mal denominados chicos. El problema era la motivación y el compromiso que mostraba un jugador en un partido contra un equipo popular y la diferencia que había en lo que se observaba en el mismo jugador en otra fecha frente a un equipo del montón.

Y esta vez, nuevamente la falta de ambición fue vista en los Acereros. Jugamos contra el peor de este campeonato y el anterior y aun así perdimos, y no perdimos de forma injusta, lo merecimos.

Cobresal tiene su mérito, la urgencia de salvarse como siempre del descenso los llevó a meterse con todo en nuestro campo, presionaron arriba y sin más armas que las ganas nos pusieron dos goles abajo rápidamente.

Los tantos nuestros llegaron de forma fortuita, el de Povea fue una mezcla de suerte y talento y el de Sagal fue porque el grandote tiene sus mañas, y de ellos dos no puedo decir que no quisieron ganar, no porque anotaron, sino porque se echaron el equipo al hombro durante todo el partido. Pero es al resto a los que crítico, eximiendo de esto a los anteriores, al Chiconeta y a Carlitos González, pero el resto no me convenció para nada. Porque sé que pueden más, porque sé que mi equipo no es tan malo, y por eso los hago pedazos y digo que perdimos por que quisimos, que perdimos porque pagan casi lo mismo al ganar, empatar o perder y entonces nos da igual.

Pero no creas que soy demasiado duro, si lo digo es con todo el dolor que me causa saber que mi equipo no tiene la más mínima intención de lograr algo más que no descender, lo digo con el dolor de saber que los míos prefieren ir a buscar un partido contra Colo-Colo sabiendo que hay más chances de perder que ir a buscar un partido contra Cobresal sabiendo que pueden ganar simplemente porque en el primero hay más cámaras y, lo digo con el dolor de saber que eso de que somos unos pechos fríos, no está tan lejos de la realidad.

…es lamentable notar que tu club juega diferente ante un equipo en particular, es lamentable darte cuenta de que tus jugadores necesitan de un ambiente que los motive a dar todo de sí para correr por una pelota.”