Por Ariel Olivares, columnista de O’Higgins en Titular

¿Sirve de algo tener el pregonado “mejor centro de entrenamiento de Sudamérica”? No. Cuando la evidente incapacidad del técnico, la falta de calidad de la mayoría de los “refuerzos” y los continuos errores en las decisiones directivas se conjugan, de poco y nada sirve contar con un campo de entrenamiento de primer nivel. Más que nada para presumir, lo que carece de todo valor cuando tu equipo es un barco maltrecho y a la deriva cada vez que pisa una cancha.

Mucho se puede decir que el Chaguito Morning es un equipo de la B, pero a la luz de lo mostrado a partir de la mitad del último torneo en adelante, poca cosa cabía esperar de la Celeste. Los números, indesmentibles, dicen que antes del fin de semana pasado, en los últimos diez juegos oficiales (nueve del torneo local y ese horroroso partido de vuelta de Copa Sudamericana ante Fuerza Amarilla) O’Higgins cosechó dos triunfos, tres empates y cinco derrotas: ocho goles a favor, diecisete en contra; nueve puntos de treinta posibles; cero gol en los últimos tres encuentros.

Historia pasada podrían decir, hubo receso, partida de algunos nombres, llegada de otros, pero se sigue actuando sobre la misma base que nos ha llevado a pasar únicamente vergüenzas: identificar jugadores relativamente jóvenes con potencial a través del súper centro de seguimiento que tiene montado el club, comprar barato, esperar que rindan como Neymar, y sacar réditos económicos lo más pronto posible. OK, resultó con Octavio Rivero que jugó apenas un semestre, con Carranza e Insaurralde (Lezcano no cuenta porque era conocido su valor en el medio local), pero, ¿con quién más? Pasaron Elizari, Lizio, Bulos y Zelaya entre otros cachos que nada aportaron (como Medel, Bravo, Larry Valenzuela), yéndose sin pena ni gloria, mismo destino que les espera a Rolle y Kimura de seguir así. Claramente el balance es negativo, pero pareciera que la directiva está empeñada en su política de ir a buscar lo que queda disponible a final de temporada, esta vez en versión vieja miserable que rompe los productos para pedir un precio más bajo aún.

Es la única forma de explicar una contratación inexplicable como la de Richard Barroilhet, un centrodelantero de 24 años proveniente de la ¡quinta división! de Francia (con pasado inmediato por la cuarta categoría de Holanda, cuarta de Francia y primera de… Kazajistán), que en una carrera de seis años ha hecho la formidable cantidad de dos goles. Con ese historial, ¿qué les hace pensar a los dirigentes que podría romper redes aquí? O la de Mauro Visaguirre, proveniente del glorioso Gutiérrez S.C., de la tercera división argentina. Completa este tridente de miedo Joel Acosta. ¿Su logro más reciente? Descender a la B argentina con Aldosivi (¿qué diablos es ese nombre?), logro dificilísimo considerando que ese torneo lo juegan 30 equipos. A este último lo están vendiendo con “tiene pasado en Boca Juniors”, que es la alternativa a la chiva de siempre: “fue seleccionado juvenil de Argentina”, pero lo cierto es que estuvo lejos de figurar como crack en los xeneizes.

Ya es hora que los regentes del club dejen de lado los eslóganes motivacionales tipo libro de autoayuda (“a apoyar a nuestros guerreros”, “hoy no es un día normal, hoy es O’Higgins” y tonteras similares para convocar al público a la cancha, que está claro no motivan a nadie de los que pisa el césped) y de hacer márketing barato para vender camisetas, bufandas, tazones, calzoncillos, preservativos, papel higiénico y cualquier cosa a la que se pueda imprimir el logo del club, y se tomen en serio la política de contrataciones (DT incluido) mientras puedan, porque lo único que falta es que contraten a Mark “cristal” González.

Lo único que espero es que en los partidos que vienen me puedan tapar la boca y se logre consistencia como equipo, pero a juzgar por lo visto en la pretemporada y en el debut de Copa Chile, el futuro no se ve auspicioso.